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Inversiones HALO: la tierra agrícola se destaca frente a otros activos reales

En un mundo atravesado por la inteligencia artificial y el cambio tecnológico acelerado, los inversores vuelven a mirar activos físicos, difíciles de replicar y capaces de conservar su utilidad durante décadas. La tierra agrícola reúne esas condiciones, pero suma una diferencia fundamental: produce un bien esencial.

7 de septiembre de 2026 · 4 minutos de lectura

MS

Matías Simone

Founder & CEO

Inversiones HALO: la tierra agrícola se destaca frente a otros activos reales

¿Qué son las inversiones HALO?

Durante años, el mercado premió a las empresas capaces de crecer con pocos activos físicos: plataformas digitales, software y modelos de negocio escalables. El avance de la inteligencia artificial comenzó a modificar esa mirada. Si una tecnología puede reducir rápidamente el valor de un servicio o una ventaja competitiva, ¿qué activos seguirán siendo relevantes dentro de veinte o treinta años?

De esa pregunta surge el concepto HALO, sigla en inglés de Heavy Assets, Low Obsolescence: activos físicos relevantes y con bajo riesgo de obsolescencia. El enfoque, difundido recientemente por Goldman Sachs, identifica recursos e infraestructuras difíciles de reemplazar. Redes eléctricas, puertos, plantas industriales, minas y campos agrícolas forman parte de este universo.

No se trata de activos sin riesgo ni de una receta para obtener rentabilidad asegurada. HALO es, ante todo, un criterio para reducir la fragilidad de una cartera frente a cambios tecnológicos abruptos.

No todos los activos físicos son iguales

Una central energética, un centro de datos y una hectárea agrícola son tangibles, pero enfrentan riesgos muy distintos.

La infraestructura suele contar con barreras de entrada elevadas y contratos de largo plazo. Sin embargo, exige grandes inversiones, mantenimiento permanente y, muchas veces, depende de tarifas reguladas. Una red diseñada para una tecnología que pierde vigencia puede requerir costosas adaptaciones.

Los centros de datos son la base física de la economía digital, pero no están libres de obsolescencia. La inteligencia artificial exige cada vez más energía, refrigeración y densidad de cómputo. Instalaciones relativamente nuevas pueden quedar rezagadas si no admiten esas actualizaciones.

Los metales, la energía y otras materias primas se benefician de su escasez, pero están expuestos a ciclos de precios, cambios regulatorios y transformaciones en la demanda. Además, poseer una materia prima no necesariamente genera ingresos: el retorno puede depender de venderla a un precio superior.

Incluso el oro, uno de los refugios tradicionales, puede preservar valor, pero no produce renta por sí mismo. La tierra agrícola, en cambio, puede generar ingresos mientras permanece en cartera.

Aspectos relevantes de las inversiones HALO
Aspectos relevantes de las inversiones HALO

La particularidad de la tierra agrícola

La primera fortaleza de la tierra es su utilidad esencial. La tecnología puede cambiar la forma de sembrar o administrar un establecimiento, pero no elimina la necesidad de suelo apto para producir alimentos. En este caso, la innovación tiende a mejorar la productividad del activo, no a volverlo innecesario.

La segunda es su escasez relativa. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la superficie cultivable por habitante cayó cerca de un 20% entre 2001 y 2023, de 0,24 a 0,19 hectáreas. Al mismo tiempo, la productividad y el valor generado por hectárea aumentaron. Es decir, cada vez se necesita obtener más producción de una base limitada de tierra.

La tercera diferencia es la doble fuente potencial de retorno. Un campo puede generar renta mediante su explotación o arrendamiento y, a la vez, generar un resultado adicional por la apreciación de capital. De acuerdo a un trabajo realizado por CAT (Compañía Argentina de Tierras), la variación histórica de precios en campos maiceros en los últimos 30 años (1993-2023) fue superior al 6% anual.

Por último, su valor no depende del éxito de una empresa, patente o tecnología. La calidad del suelo, el agua, la ubicación y el acceso logístico no pueden copiarse con rapidez. Una aplicación puede replicarse globalmente en meses; formar un suelo fértil requiere procesos naturales muy largos.

Una inversión resiliente y administrada profesionalmente

Como toda inversión, la tierra no está exenta de riesgos: el clima puede afectar la producción, los precios agrícolas influyen en la renta y una gestión inadecuada puede deteriorar el suelo. Sin embargo, muchos de estos factores pueden reducirse mediante una selección cuidadosa de los activos, contratos de arrendamiento sólidos, diversificación y administración profesional.

En Landtoken trabajamos activamente sobre cada una de estas variables. Seleccionamos campos por su calidad productiva, ubicación y potencial de largo plazo; diversificamos la cartera entre distintas regiones, arrendatarios y ciclos productivos; y nos ocupamos de los contratos, el monitoreo de los activos, las valuaciones y los reportes. De esta manera, el inversor puede acceder a una cartera de campos administrada profesionalmente, sin tener que ocuparse de la compra, la explotación o el seguimiento cotidiano de cada establecimiento.

La propuesta no consiste en eliminar por completo el riesgo, sino en gestionarlo de forma activa para construir una inversión más sólida y diversificada. Su horizonte natural es el mediano-largo plazo, donde la renta productiva y la valorización de la tierra pueden complementarse.

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